sábado, 13 de septiembre de 2025

Pero había que hacer fiesta y alegrarse…

XXIV Semana del Tiempo Ordinario, Ciclo C

Domingo 14-09-2025

Evangelio según San Lucas 15,1-32.

 

Los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharle.

 

Por esto los fariseos y los maestros de la Ley lo criticaban entre sí: “Este hombre da buena acogida a los pecadores y come con ellos.”

 

Entonces Jesús les dijo esta parábola: Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga muy feliz sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido.

 

Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse.

 

Y si una mujer pierde una moneda de las diez que tiene, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y apenas la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: 'Alégrense conmigo, porque hallé la moneda que se me había perdido'.

 

De igual manera, yo se lo digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.

 

Jesús continuó: 'Había un hombre que tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: 'Dame la parte de la hacienda que me corresponde. Y el padre repartió sus bienes entre los dos.

El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad.

 

Fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante del lugar, que lo envió a su campo a cuidar cerdos. Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba algo. Finalmente recapacitó y se dijo: '¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre!'

 

Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados.

Se levantó, pues, y se fue donde su padre. Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó.

 

Entonces el hijo le habló: 'Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.

 

Pero el padre dijo a sus servidores: '¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado. Y comenzaron la fiesta.

 

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la orquesta y el baile. Llamó a uno de los muchachos y le preguntó qué significaba todo aquello.

 

El le respondió: 'Tu hermano ha regresado a casa, y tu padre mandó matar el ternero gordo por haberlo recobrado sano y salvo. El hijo mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió a suplicarle.

 

Pero él le contestó: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. Pero ahora que vuelve ese hijo tuyo que se ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para él el ternero gordo.

 

El padre le dijo: 'Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.

 

Palabra del Señor.

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Estudio del Evangelio.

Primer – Momento.

Hoy me fijo en Jesús, que se deja abordar de personas marginadas, publicanos y pecadores. Jesús no les rechaza, no les juzga, no les aparta. Al contrario, los recibe con ternura y les habla en parábolas, revelando así a un Dios con características de Padre que busca, espera, y celebra el regreso y el encuentro de quien se hallaba perdido.

Segundo – Momento.

Pero había que hacer fiesta y alegrarse…

Lo que más me impacta es la alegría que brota del corazón de Dios cuando uno de sus hijos regresa. No existe cálculo, reproche o castigo, en su lugar existe alegría y fiesta. Esto me interpela profundamente con las siguientes interrogantes:

¿Cuántas veces he juzgado a quienes regresan?

¿Cuántas veces me he fijado en su error y solo en su error?

¿Cuántas veces me he negado a escuchar su historia y acogerla? 

En este texto *la misericordia* me enseña a mirar con ternura, como Dios me ha mirado a mí, a no rendirme con los estudiantes que parecen más “perdidos”, a buscar estrategias para hacerles sentir valiosos. *La alegría* me recuerda que cada paso al crecimiento, cada gesto de reconciliación, merece ser celebrado. En la cancha, en el aula, en el hogar, en la vida parroquial, puedo ser reflejo de ese Dios que abraza en lugar de señalar.

Tercer – Momento.

Este Evangelio me llama a ser como el padre que corre al encuentro del hijo, como el pastor que carga la oveja, como la mujer que enciende la lámpara. Me compromete a crear espacios de vitalidad donde se pueda volver, equivocarse, aprender y no sentirse rechazado. Materializar este compromiso es transformar cada clase en un lugar de encuentro, donde el deporte no solo forme cuerpos, sino que también transforme corazones. 

Oración.

Señor, Tú que acoges a los que se pierden y celebras su regreso, enséñame a mirar con tus ojos, a actuar con tu ternura. Hazme instrumento de tu misericordia en mi hogar, en mi comunidad y en mi escuela. *Jesús amigo mío* que cada hermano que se acerque a mí sienta que hay un lugar para él, que su vida vale, que puede volver a empezar. Que mi trabajo sea reflejo de tu amor, y que nunca me canse de buscar, de esperar y de celebrar. Amén.

Atte. Luis Alfredo Escalona

Animación Bíblica Pastoral

Parroquia Santuario “Ntra. Sra. del Pilar”


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